MELITA RUIZ ESTUVO CERCA DE LA MUERTE- PARTE I

Melita Ruiz López, la última exalcaldesa de Pucallpa que, con sus 74 años de edad, aún está entre nosotros. Una mujer de pies a cabeza o de cabeza a los pies y por los cuatro costados; más macha que los machos, quien es capaz de llorar a puro coraje ante la injusticia, no dejarse pisar el poncho por nada ni por nadie, menos por ningún varón, ni por quien fue su esposo. Esta es una primera entrega de una larga entrevista casi personal, hecha con celular en mano, porque ella se encuentra en Lima recuperándose de una afección que por poco la lleva a la muerte. Pero ella es una dama de hierro para quien hoy, Día Internacional de la Mujer, significa mucho, porque también fue maltratada y supo sobreponerse por encima de un mundo de varones, saliendo adelante con la frente alta, fortaleciendo su dignidad de hembra, con H de honor, con H de hombre.

  • Me dijeron que estuvo mal de salud. Difícil imaginarla débil. Ya veo que no solo es toda una mujer dura y madura, sino también un ser humano.

Jajaja…, me haces reír, pero lo cierto es que en Pucallpa me dio varias veces la lluvia y me descuidé. Una ya tiene su edad y no puedo estar mojándome, pero como vivo a muchos kilómetros del centro, debo salir a hacer trámites, ver todos esos problemas de los invasores que friegan. También estuve llevando plantas bajo la lluvia pensando que una todavía es joven. Total el cuerpo ya no resiste. Me confié en que soy fuerte, pero no es así. Llega el momento en que te caes. No hice caso a la lluvia, me dio carraspera, gripe y después neumonía. Casi me muero. Después me dio depresión. Por eso estoy en Lima y recién debo volver a fin de mes.

  • ¿Depresión?

Problemas que tengo que afrontar con los invasores de mi terreno, quienes no quieren pagar, más bien me denuncian a cada rato. La verdad que mi organismo no resiste más. Son 10 años y hay gente que no paga. Son unos sinvergüenzas, conchudos.

  • Sí, pues, se confió en que es Melita Ruiz, una mujer bien macha.

Así es, hermano, pero sentí la muerte. Justo me decía “ya me voy, ya me voy”, pero diosito no lo quiso, no sé hasta cuándo, ¡ay!, ya he sufrido bastante, hermano (a punto de quebrarse, pero se repone).

  • Calma, Melita, calma. ¿Para usted significa algo el 8 de marzo?

Por supuesto, mucho, sobre todo porque hasta este momento no existe la equidad, la igualdad de género para nosotras con respecto a los varones. Siempre el varón quiere ser más, aunque una sea tan capaz como él, pero igualito nos tienen postergadas. Pero nosotras también tenemos la culpa porque no levantamos nuestra voz. Sobre todo ahora que hay tanta violencia, tanto acoso, no denuncian y ese es el peor error que una mujer puede cometer, no denunciar los maltratos, los insultos, los vejámenes, las humillaciones que te hace tu pareja.

  • ¿Melita, usted lo padeció?

Sí y por eso me separé de mi esposo. Cuando entré a la alcaldía, creé la Demuna (Defensoría de la Mujer y del Niño Maltratado), la primera creada en provincias después de Lima y toda la prensa se ocupó del tema. ¿Por qué lo hice? Porque también fui víctima de violencia y así lo declaré. Salió en Correo y mis hijos desde Lima me reclamaron llorando. “Mamá -me dijeron-, cómo has declarado eso; imagínate ha salido en el periódico acá”. Pero era verdad, no es mentira, les dije.

Y cuando fui subprefecto y trabajaba con la PIP, a esos agresores les mandaba detener y les ponía 24 horas a pan y agua, detenidos por maltrato a su esposa o conviviente.

  • ¿Sirvió de algo en sus relaciones con su esposo?

Comprendí que en algún momento me tenía que divorciar. Eso fue cuando fui subprefecto, pero cuando me nombraron prefecto ya no tenía ni tiempo de asistir al juzgado y, cuando me di cuenta, ya habían pasado 6 meses que abandoné la denuncia. Después me dije que sea lo que Dios quiera. Pero, él vivió en el primer piso de la casa, yo en el segundo. Hemos sido amigos hasta el último, se le ha atendido hasta el último. Incluso se le levantó un precioso mausoleo, al costado del cual yo tengo un nicho. No le guardé rencor. Yo me casé a los 18 años con un hombre de 43 años, de quien no supe cómo habrá sido su vida  y de remate era divorciado. ¡A pagar platos rotos! No me arrepiento porque tengo 4 lindos hijos que me quieren mucho y estoy feliz con ellos.

  • ¿Alguna vez su marido le pidió perdón?

No era de pedir perdón nunca. Era del tipo machista, legítimamente selvático, de Iquitos. Tuvo mucho dinero. Fue un gran industrial, de los primeros madereros en Pucallpa. Ya descansa en paz.

  • ¿Usted participaba con él en la administración de su negocio?

No. Ellos eran una sociedad de hermanos que tenían una flota de 14 camiones, que llevaban su propia madera a Lima. Les entró la ambición, compraron camiones de mayor tonelaje que se cayeron porque había malos puentes. Esa fue la debacle. En medio de eso me casé con Eduardo (Padilla Gonzales). Cuando tuve 22 años me llevó a vivir en la carretera, aprovechando que yo había ido a Lima. Lloré mucho porque siempre había vivido con mi mamá, y ese era un zancudal. Pero ahora tengo 74 años y sigo ahí. Acabo de construir otra  casita para estar en un primer piso.

  • ¿Alguna vez participó en el negocio de su esposo?

No, pero yo manejaba el camión Dodge 300. Me controlaba hasta 1 sol. Llegó un momento en que me cansé de ese maltrato, de ese hostigamiento. Teníamos galpone de pollitos BB que morían con frecuencia y él me gritaba culpándome delante de los trabajadores. Así estuve 14 años. Esa era su forma de ser y ya no lo soportaba y un día salí a buscar trabajo y lo primero que encontré fue la Compañía Comercial Sudamérica, frente al Reloj Público, Les dije que podía vender sus productos con mi carrito y aceptaron. Me dio 100 cajas de cartuchos Fame, que los vendí en dos horas y gané 30 mil soles. Nunca había visto tanto dinero en mis manos.

  • ¿Se sintió independiente en ese instante?

¡Me sentí una mujer libre, sin ataduras ni nada!, porque yo decía, Dios mío, qué le doy de comer a mis hijos, mis hijos. Dos estaban en la universidad y dos no terminaban primaria.

  • ¿Su esposo no se opuso a su trabajo?

No sabía nada. Cuando yo me molestaba, no le conversaba dos meses. Así era yo.

  • ¿Qué pasó cuando se enteró?

Cuando recibí los 30 mil soles, le di a guardar en su caja fuerte. Eso sí, era un tipo cien por ciento honrado, como muy pocos hombres se ven hoy en día. Lo guardó y cuando yo necesitaba, él agarraba un cuaderno y me decía tanto estás llevando y anotaba. Él no tomaba nada. Ese era mi dinero. Luego me dio una ambición y puse una agencia de transporte fluvial para llevar carga a Iquitos, sobre todo a petroleras. Eran 400 toneladas, 400,000 kilos y yo ganaba 10 centavos por kilo, unos cuarenta mil soles por viaje. Era bravo, porque tenía que estar en La Hoyada, en ese barrizal, buscando las lanchas, embarrándome hasta las rodillas.

  • En ese entonces pocas mujeres intervenían en política. Aún hoy.

Yo misma no me daba cuenta de la fortaleza que tenía, ni de cuál era el arraigo que tenía en mi tierra. Pero fue abrumador cuando en 1980 ganamos con Belaunde.

  • Se venían los cargos.

Yo ni por un minuto pensé ser autoridad ni nada, sino que fuimos a Lima al cambio de mando de Belaunde y el 1 de agosto estuvimos en el cumpleaños de Javier Arias Stella, que era ministro de Relaciones Exteriores. Él 2 de agosto es mi cumpleaños y él lo sabía. Me dijo, eres leo y te conozco. Te haré un regalo. Serás la primera subprefecta en la historia del Perú. No le hice caso porque estaba algo tomadito, pero en menos de 10 días me llegó el nombramiento. Toda la prensa nacional me llamó. Al volver a Pucallpa para el j8uramento, los correligionarios me habían preparado un gran almuerzo. Fui a mi casa, que estaba llena de flores, pero mi esposo estaba indignado. “Sabes qué –me dijo-, vas a ir a devolver esa perra putería de cargo que tienes, si no lo haces me divorcio”. ¡Ya, pues, nos divorciamos!, le dije. Y me fui al  almuerzo, pero empezó mi vía crucis con él, porque no le gustó ni un poquito que me hubieran nombrado subprefecto.

  • ¿Qué razón le dio?

Simplemente era machismo. Jamás va a querer que su mujer sea igual o mejor que él. Por eso le dije “ya, pues, me divorcio”. Pero no pasó nada, todo quedó ahí, incluso por mi cargo de subprefecto cuántas veces la policía le apoyó. A los tres años que yo era subprefecto, hubo un problema en mi casa. Se había metido con la mujer de mi guardián y este le agredió con una tijerita. Fue a parar al hospital. Yo en medio de la vergüenza, imagínate, siendo subprefecta. Él quedó medio traumado y decía que yo le he mandado a atacar. A raíz de eso que me sindica a mí, pero nunca me denuncia, yo me separo de él. Fue la gota que rebasó el vaso. Pero después regreso a mi casa, porque era mi casa.

  • Pero por lo visto usted nunca quiso dejarlo en la calle.

Jamás. Yo soy una persona que por más daño que me hicieran, no te devuelvo con maldad.

No sé guardar rencor. Mi vocación de servicio no me permite que yo pueda actuar en esa forma, peor contra el padre de mis hijos.

  • Después usted llegó a ser prefecto.

Bueno, yo no quería aceptar la prefectura porque era demasiada responsabilidad. Entonces, la prefectura se negocia entre Ernesto Lao, el diputado, y Daniel Zevallos, pero solo duró 6 meses. El propio Presidente Belaunde me llamó a Lima a preguntarme cómo es que Daniel, siendo del PPC, era prefecto, Y yo le conté del negociado. Al día siguiente dejó de serlo y nombraron a Ernesto López, pero después él se enfermó y me nombraron a mí. Pero yo ya estaba separada de mi esposo, aunque vivíamos en la misma casa hasta el último día de su vida en que él se fue al hospital y a los quince días salió muerto del seguro social, porque se le complicó la diabetes.

(Continúa el lunes)

Agregue un comentario

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *