Los talentos Beca 18 que enseñan en shipibo – konibo a los niños de Cantagallo

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HABLAR PARA QUERER

Mientras cientos de jóvenes a punto de graduarse de la universidad sueñan con salir a recorrer el mundo, Max, Karla, Alexander, Pilar, Saúl y Marlene, futuros profesionales de la Educación Intercultural Bilingüe (EIB), se preparan para conquistarlo.

Nacidos en las más emblemáticas comunidades nativas de la región Ucayali, cada uno de estos jóvenes se ha propuesto impulsar el reconocimiento de su cultura y de su gente, mediante la preservación de la que consideran el pilar de su identidad: la lengua shipibo – konibo.

“Ser maestro es muy bonito, pero no te lo recomiendo, me decía mi mamá, profesora y directora de una escuela EIB en la provincia de Coronel Portillo, quien toda su vida afrontó el desconocimiento de la gente sobre lo importante que es su trabajo. Mi papá, enfermero, coincidía con ella y me aconsejaba que sea médico. Mi mamá, abogado (risas). Mientras más peros me ponían, más pensaba yo en mi gente. Amo estar rodeado de shipibos, defenderlos y que me defiendan”, cuenta Max Bardales Magin, talento de Beca 18-2014, quien a sus 21 años cursa el décimo ciclo de la carrera EIB en la Universidad Peruana Cayetano Heredia.

Desde setiembre de este año, Max y 17 de sus compañeros de promoción, entre los que figuran Karla Sánchez Lomas, Alexander Cauper Valles, Pilar Rengifo Vásquez, Saúl Cauper Chávez y Marlene Ramírez Nauta, realizan prácticas preprofesionales en el colegio Comunidad Shipiba, el único en Lima donde se enseña a niños de inicial y primaria en lengua shipibo – konibo, además del castellano. De esta manera, los 234 estudiantes del plantel, de los cuales el 70 % vive en la comunidad shipiba de Cantagallo (Rímac), aprenden con mayor facilidad al encontrar en las aulas la misma lengua y entendimiento que predominan en sus hogares.

“Descubrí mi vocación siendo muy niña. Debido a la falta de espacios para aprender en nuestra lengua, los shipibos estamos en desigualdad de condiciones para competir con los naguas, es decir, las personas que hablan castellano. Nuestra cultura es muy sabia en diversos temas, como el cuidado de la tierra o la medicina tradicional, pero, si nadie forma a mis paisanos, ¿cómo evidenciamos ese conocimiento? Ese es nuestro compromiso con nuestros hermanos, con nuestra forma de vida y el papel que jugamos en la sociedad. Mostrar, compartir y preservar. Para eso nos hemos formado como docentes”, explica Karla.

Para estos jóvenes talentos, cada día de clases en el colegio Comunidad Shipiba inicia con la misma consigna: hacer que los alumnos hablen, pues los problemas de fluidez que encuentran entre los pequeños, incluso cuando conversan en castellano, se deben a su miedo a ser discriminados.

“Los alumnos ven que nosotros, sus profesores, hablamos en shipibo – konibo en el salón, en los recreos, en la comida, a la salida. Con este ejemplo, ellos también se expresan más y más en nuestra lengua, y van perdiendo el recelo a opinar. Creo que eso es lo más valioso de la EIB, ese aumento de la autoconfianza de quien habla una lengua originaria, que a la larga será lo que sostenga nuestra diversidad cultural como peruanos”, asegura Pilar.

Noabo riki rabe joinya non titan poko chikokea pikota

Ikaxbira,

Westoira joiyabicho noa

Banemakaskanai.

Jariki non kaya bichinkana keska.

Muchos niños y niñas somos bilingües

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