Lo mejor está por venir…:

CH AC H A P OYA S. – Son las 7 de la noche de hoy (13 de noviembre), acabo de llegar de la provincia de Rodríguez de Mendoza, me he sentado en el sillón de la dirección para poder escribir unas líneas sobre lo que siento, pero ¿cómo describir lo que siento en este momento? Hay muchas cosas que he visto, que he oído, que he sentido. Hay mezcla de impotencia, amargura, tristeza, hay preguntas a las que no le llegan y posiblemente no le lleguen las respuestas que satisfagan a todos.

Pero también hay respuestas, sí, han llegado respuestas a preguntas que quizá ni siquiera nos hacíamos; durante el día han llegado mensajes de todos lados con muestras de solidaridad, de sincera unión en el dolor de quienes conocieron de cerca a Sebastián, Cleverson, Robert, Fabián, Yeral y Henry, quienes ya no están con nosotros y para los que aún requieren atención especial, entre los más delicados Leonardo y Farid, que con el esforzado trabajo de los médicos en Chachapoyas y ahora en Lima vienen recuperándose de este hecho fatal para sus 6 compañeros. Nada hacía presagiar lo que vendría ese domingo.

Para ellos era la coronación de sus esfuerzos, era el último esfuerzo para coronarse como campeones y seguir avanzando con sus sueños, el sueño de todos los jovencitos que viajaban rumbo a Chachapoyas: convertirse en exitosos futbolistas profesionales, poder estar en un mundial, como Ramos, Tapia y “orejas” Flores quienes junto al equipo de todos hoy enviaron un mensaje de solidaridad y de unión de todos los peruanos.

Quizá Fabián, al que llamaban el “penalero”, soñaba en patear los penales en el Real Madrid, que hoy envió un mensaje de aliento a los padres, familiares y amigos. Los sueños que tuvieron terminaron, tuvo que frenarlos una tragedia. Me pregunto hoy y te pregunto, ¿cuántos sueños se han hecho añicos sin que medie para ello una tragedia?, ¿cuántas veces hemos dejado nuestros deseos de ser campeones ante la primera circunstancia adversa? Pues ellos no, en especialmente Yeral y Manolo, naturales del distrito de Omia, quienes tenían que viajar kilómetros para entrenar, para ponerse la camiseta, para prepararse para el triunfo.

¿Estamos poniendo el mismo entusiasmo en nuestros sueños? Hay tristeza dije al iniciar este escrito, pero quiero rescatar algunos detalles que pasan desapercibidos en momentos tan difí ciles como este, pero que hoy al hacer un repaso de los hechos no puedo dejar de valorar. Primero, la acción rápida de la PNP y los rescatistas que hicieron un trabajo invaluable ante las adversidades.

Segundo, la activa presencia de Daniel Alfaro, ministro de Educación, quien tuvo como agenda de viaje acciones que quedaron en segundo plano, pues se dedicó desde los primeros minutos de su llegada el domingo por la tarde hasta el momento de su partida, a visitar a los heridos, gestionar la intervención del Estado -con el avión de la FAP- y poder traer los profesionales especializados para la atención médica y evacuación y para el soporte emocional, quienes hicieron un trabajo profesional y esforzado y que algunos de ellos aún asisten a los familiares que sobrellevan la carga emocional más pesada de esta tragedia. Tercero, la acción del esforzado equipo de la Dirección Regional de Educación de Amazonas, desde las coordinaciones con el ministro, las visitas al hospital, el traslado a Mendoza junto al equipo del MINEDU, cumpliendo protocolos específi cos, atendiendo las emergencias permanentes; no menciono sus cargos y responsabilidades, pero si compromiso con los más necesitados en el momento de mayor necesidad se vio refl ejado en estas horas difí ciles. El mundo del deporte se unió hoy alrededor de este dolor

Es ahora cuando recuerdo las sabias palabras de mi gran maestro brasilero, Alacy Barbosa, “los grandes maestros de la vida son el dolor y el tiempo; que sus enseñanzas puedan estar presente siempre en nosotros”. Los seis estudiantes ya descansan de todo afán.

No quiero imaginar cómo pasarán estas noches los padres valientes que con paso firme -y con no pocas lágrimas acompañaron a sus hijos a su última morada terrenal. Será una noche negra, será una noche muy oscura, los corazones sufrirán y los rostros no lo podrán disimular; el corazón lacerado sangrará por un buen tiempo. Pero saldrá el sol radiante, en todo su esplendor y reconfortará los corazones de los que aún quedamos y calentará la tumba que hoy ha quedado fría en Valle del Huayabamba, y ese sol radiante nos dirá cada día que lo mejor, siempre, siempre está por venir. Que esa sea la más grande lección y la esperanza de todos.

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