EMBARAZO EN NIÑAS Y ADOLESCENTES EN LATINOAMÉRICA Y EL CARIBE

América Latina y el Caribe tienen la segunda tasa más alta de embarazo en niñas y adolescentes en el mundo. Además, es la única subregión con una tendencia ascendente de embarazos en menores de 15 años. Un experto de Naciones Unidas explica porqué la situación es “profundamente preocupante”.

 

Se estima que cada año un 15 % de todos los embarazos que ocurren en Latinoamérica y el Caribe se dan en adolescentes menores de 20 años, y 2 millones de niños nacen de madres con edades entre los 15 y los 19 años.

 

“La pobreza, la migración, el ser población indígena o afro, el vivir en el campo” son algunas de las condiciones en las que viven las niñas y adolescentes embarazadas, “cuestiones que vuelven aún más preocupante la situación”, dijo Luis Pedernera, miembro del Comité de los Derechos del Niño de Naciones Unidas (NU).

 

En febrero de 2018 la Organización Mundial de la Salud (OMS) y NU publicaron un informe en el que advierten que la tasa mundial de embarazo adolescente se estima en 46 nacimientos por cada 1000 niñas, pero en América Latina y el Caribe tienen 20 puntos más: se estiman en 66,5 nacimientos por cada 1000 niñas de entre 15 y 19 años, y son sólo superadas por las de África subsahariana.

 

Entre las niñas y adolescentes embarazadas, hay ciertos “patrones”, indicó Pedernera.

 

“Uno es la violencia, fundamentalmente del patriarcado, el machismo, y que se ve particularmente en los países de Centroamérica. El otro patrón es la penalización del aborto, ligado a grandes déficits en la educación, y especialmente en la educación sexual de las niñas, niños y adolescentes. Aparecen como temas tabú, altamente conflictivos, y por lo tanto no abordables por los Estados”.

 

El informe de la OMS y NU señala que en algunos países las niñas adolescentes sin educación o con sólo educación primaria tienen cuatro veces más posibilidad de quedar embarazadas que adolescentes con educación secundaria o terciaria.

 

De la misma manera, la probabilidad de empezar a concebir hijos es entre tres y cuatro veces mayor en las adolescentes de hogares en el quintil inferior en comparación con las que viven en los quintiles más altos en el mismo país. Las niñas indígenas, en particular en áreas rurales, también tienen una mayor probabilidad de tener un embarazo a temprana edad.

 

Otro de los aspectos constatados en el informe y señalados por Pedernera, es que en Latinoamérica y el Caribe hay una tendencia ascendente de embarazos en menores de 15 años. El experto considera que además de las “fallas” en las política públicas de educación, otras de las causas podrían ser “las pautas de violencia por las que están marcados los vínculos con los niños y niñas”.

 

En ese sentido, indicó que “se producen secuestros de niñas por líderes de las pandillas para convertirlas en esposas”, y que se constatan “violaciones a temprana edad”; a su entender, ambas cuestiones contribuyen al aumento en la tasa.

 

“En Guatemala el Comité estuvo reunido con un grupo de niños y niñas. El temor de las niñas a ser secuestradas por líderes de las pandillas para convertirlas en esposas es bastante fuerte”, contó Pedernera. “El testimonio de angustia, soledad, desamparo que cuentan las niñas (…) es realmente desgarrador”, aseguró.

 

La mortalidad materna es una de las principales causas de muerte en las adolescentes y jóvenes de 15 a 24 años en la región de las Américas. A modo de ejemplo, en 2014, fallecieron cerca de 1900 adolescentes y jóvenes como resultado de problemas de salud durante el embarazo, el parto y el posparto.

A nivel global, el riesgo de muerte materna se duplica en madres más jóvenes de 15 años en países de ingreso bajo y mediano. Las muertes perinatales son un 50 % más alta entre recién nacidos de madres menores de 20 años comparado con los recién nacidos de madres de 20 a 29 años, indica el informe.

No obstante, Pedernera señaló que otras de las consecuencias que tiene el embarazo en las niñas y adolescentes que se convierten en madres, es “la muerte de manera temprana”, es decir, el suicidio, “fundamentalmente cuando ese embarazo es producto de una violación”, apuntó.

A su vez, indicó que cuando los embarazos adolescentes se producen por violaciones o ataques sexuales “las cifras de impunidad de esos delitos (…) prácticamente rondan el 90 %”.

Una de las recomendaciones del Comité es elevar la edad de matrimonio a 18 años, “es una práctica nociva que los Estados tengan fijada la edad en menos de 18 años”, aseguró.

“El Comité le dice a los Estados que hay que despenalizar el aborto, que hay que facilitar el acceso a servicios de interrupción voluntaria del embarazo para pre y posaborto, y especialmente lo que les decimos es que todo este proceso tiene que tener en cuenta la opinión de las niñas y adolescentes”, resumió.

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