Migaja de seso
JAVIER MEDINA
Voy a poner mi migaja de seso en este asunto del reintegro tributario y la promoción de inversiones hacia la Amazonía. A ver si no sale un sancochado.
Para comenzar, la Ley 27037, más que promover las inversiones y garantizar un desarrollo sostenible, lo que intentó fue frenar la reacción de los pueblos de la selva ante el kilómetro cuadrado concedido a Ecuador en Tiwinsa y los espacios sobre el río Amazonas en Saramiriza y Pijuayal para centros de navegación y transformación ofrecidos a los vecinos, que hasta ahora hacen saltar de sus asientos a los de Iquitos y que, aunque no están ejecutados, mantiene en paz nuestra frontera norte.
Pero ni ese clima social favorable hizo que los años que estuvo en vigencia esa Ley de Promoción de Inversiones Para la Amazonía, atrajera los capitales que se requieren, principalmente porque el propio gobierno no respetó los plazos establecidos para reglamentarla y solo lo hizo por pedacitos.
El principal atractivo de la ley fue la exoneración del impuesto general a las ventas, pero solo sedujo a los empresarios de la propia región y alguno que otro de otras partes del país.
De haberse cumplido los compromisos de financiamiento, presupuestales y tributarios establecidos en la ley, seguramente tendríamos capitales interesados en emprender proyectos de gran dimensión, como pueden ser puertos, ferrovías, agroindustria, ecoturismo, mantenimiento y aprovechamiento de nuestros recursos naturales.
Esa norma tenía que generar la fluidez de capitales privados que elevaran la capacidad de empleo, exigiera calidad de mano de obra, fortaleciera alguna visión de futuro coherente que sostuviera la atracción de las inversiones.
No se da una ley para esperanzarse en que esta, o parte de esta, se derogue o para que le compren o canjeen los incentivos que ofrecía y se creen fuentes de inversión pública ajenas a la fuente natural que financia los presupuestos estatales, como es el Tesoro Público, que no la vemos, o el canon y sobre canon para nosotros, con sus altas y bajas.
En ese crisol es que 24 millones de soles son migajas frente al chorro de capitales que debieron llegar y no llegaron durante la inicial vigencia de la 27037, porque ni al gobierno nacional, ni al regional, ni al local, ni a las fuerzas vivas de nuestra comarca les nació hacer nada para que se dinamice la vigencia de la norma.
Aún ahora la reviven semimuerta, porque se la aprueba como si estuviera en vigencia plena, cuando ya caducaron mecanismos de atracción y, cuando todavía ni siquiera está promulgada, ya se habla de formular otra ley marco que la reemplace, cuando la vieja 27037 crea recursos, como el 10% que debían invertir en la selva los Sectores públicos, que ha generado una deuda interna que a nadie se le ocurre cobrar, pese a ser fuente natural de ingresos propios, superiores a cualquier migaja, pero que igual se desperdiciaría mientras solo se tengan proyectos migaja.
Renace la 27037, pero su principal atractivo que era exonerar el IGV solo durará hasta el 2015. A quién le va a interesar invertir sin eso y sin reintegros si no existe aún la infraestructura básica y mediana que haga virar los ojos de los inversionistas hacia las bondades que tiene Ucayali y que no las tiene en migajas.






