¡Madre mía!

JAVIER MEDINA
“Aunque no haya venido a Pucallpa, en esta cuadra de zapateros todos estamos con Ollanta”, dijo uno de los remendones de la calle Tarapacá y de inmediato posó al lado del afiche de su líder, que pegó a un costado del mueble donde todos los días trabaja para ganarse la vida reparando nuestros calzados.

Es un hombre común y corriente, como los otros que unas cuadras más o unas cuadras menos, son en su mayoría trabajadores informales, gente que ha venido escuchando en los último años que estamos yendo hacia el primer mundo, que los gobiernos tienen políticas que chorrean pero no sienten que les llega siquiera una gota, que se abren seguros para todo el mundo pero la gente se sigue enfermando y muriendo, que la educación tiene que ser de ser de primer nivel pero para ello tienen que derruir sus locales que costó millones en invertir y levantar edificios que los llamen emblemáticos, que todos quieren la democracia pero no aprenden a escuchar por m{as que mueran decenas en las protestas, como en Bagua, que el país crece y seguirá creciendo a un ritmo promedio del 8% del producto bruto interno (PBI), pero eso es una sopa que nadie de la calle sabe cómo tomarla, pero sigue para adelante en sus mil oficios, está seguro que sí puede, inventándose la vida para sobrevivir.

Hay que tener coraje para ello, hay muchas cosas a las que hay que decirle ¡no! aunque el sistema te obligue a que ¡si! y te revelas.

En esa bruma, aparece Ollanta Humala con camisa, con tensión en la frente pero una sonrisa en la cara, así reciba ataques por todos lados. En esa bruma, todos sus contrincantes buscaron enfrentarse a él para una segunda vuelta, pero ninguno está seguro de entrar a ese carril, solo Ollanta.

Ha demostrado que ha crecido uno o dos puntos el porcentaje con el que también ganó en primera vuelta en las elecciones generales pasadas. Ha demostrado que tiene un nuevo discurso, aunque los mismos planes, que incluyen meter la mano fuerte en los medios de comunicación, como ocurre en Venezuela y Argentina.

Lo que no ha demostrado es si podrá sostener la misma faceta o reforzar la careta que ha venido exponiendo, para una nueva estrategia electoral que se avecina dura hasta el 5 de junio en que se ha programado la segunda vuelta.

¿Cuál será su capacidad para endosar los votos que han quedado en minoría en las otras tiendas? Quizá consiga algo entre los Fonavistas y Fuerza Social por afinidades ideológicas, o un poco más entre los grupos chicos, según arreglos cuyos líderes no serán capaces de asegurar los votos de sus seguidores, o puede ser que logre acercamientos con Perú Posible y hasta Solidaridad Nacional si hay alguna inyección oleosa que se entrometa desde afuera en nuestro proceso electoral.

Lo cierto es que, frente al disgregamiento de los partidos y los movimientos, el humanismo ha conseguido demostrar que tiene un electorado duro, disconforme, fuertemente proletaria, con el poder de los pobres, contra los otros que se sentían dueños del sistema, al que tendrán que respeta si son democráticos, pero, más aún, deberán afinar delicadamente la flauta para enfrentar, ya no como “el mar menor”, ni siquiera contra Ollanta mismo, sino contra una nación que está diciendo “¡madre mía sálvame!” de todos estos que se la están llevando sin que me dejen oportunidades.

Y allí la palabrita de Keiko Fujimori que podría ser la contrincante del comandante. Fujimorismo y humanismo frente a frente. Un estilo de gobierno que inició lo que hasta ahora se considera la llave mágica para la modernidad y el crecimiento económico y otro filonacionalista, que rememora estatismos velasquistas y admira regímenes autoritarios que están dispuestos a apoyar su gestión, si pasa la segunda vuelta.

Y si Kucsynski es el elegido por las masas para vérselas con Ollanta, no lo tiene tampoco todo seguro, por más que las encuestas le dan ventaja ante esa eventualidad. Su sancochado de alianza deberá sancocharse más con las otras filas que ya han estado queriendo negociar cargos y ni siquiera el respaldo aprista es una garantía porque, entre los apuntes históricos de estas elecciones, está el debilitamiento del único partido organizado, que no tendrá reparos en aliarse con quien le pueda asegurar un espacio para recomponerse y, quién sabe, hasta refundar la alianza revolucionaria de Haya, como lo exigen los tiempos.

La llanta está rodando. Pero, como lo hacen los niños, necesita un alambrito para mantenerlo en ruta. Ya no sirve para echar a andar un coche, pero rueda.

Escrito por el abr 11 2011. Archivado bajo Fe de letras. Puedes seguir las respuestas de esta entrada por RSS 2.0. Los comentarios y pings están cerrados por el momento.

1 Comentario por “¡Madre mía!”

  1. javier

    muy buen comentario señor medina

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