El debate en debate

JAVIER MEDINA
¿Ha ganado alguien tras el debate entre candidatos presidenciales del domingo? ¿Se trataba de que ganara alguno de ellos? ¿Ha servido para que los ciudadanos orientemos nuestro voto hacia un sufragio reflexivo? ¿Los peruanos hemos merecido ese debate? ¿Fue un debate?

Empezaremos por lo último: fue una burla. Hasta ahora no entiendo qué se ha querido hacer con una presentación como esa. Si se retrotraen al momento en que estuvieron frente a su televisor, ¿no parecía que ninguno se preparó realmente para confrontar ideas, planes, experiencias, vivencias, mostrarse como son y decirle al Perú “yo mismo soy, por esto debo ser tu presidente y, por esto y lo otro, ellos no”?

Tengo mi voto decidido, aún antes de esa patraña, y ese espectáculo de barrio no me ha servido para definir nada, salvo lamentar que quienes quieren gobernarnos no están pensando en nosotros, en ser sinceros, sino en establecer estrategias marqueteras, diseñadas por publicitas mercantilistas contratados, para meter zancadillas al rival, soltarle la cáscara de plátano como quien no se da cuenta de la cosa, y resbale.

Ninguno dijo nada nuevo, que no haya repetido ya como clisés tautológicos durante entrevistas al paso después de sus caminatas, los haya voceado en sus pequeños mítines o los contara como chistes o anécdotas en los programas de espectáculos a los que han preferido acudir, antes que a los de análisis políticos o noticieros.

Para ir a hacer payasadas se han entrenado, maquillado, pagado asesores, agudizado ingenios para la criollada y uno que otro esbozo de lo que quieren hacer.

Ni siquiera aprovecharon los momentos de las preguntas para formularlas con una confrontación entre sus propuestas y la del rival. Solo Humala lo hizo chabacanamente, usufructuando esos treinta segundos para seguir leyendo el libreto de sus guionistas -a quienes ni siquiera paga con la suya-, referirse a su plan de gobierno y preguntar al contrincante ¿estás de acuerdo con mis ideas? Por supuesto, ninguno tampoco le respondió, como igualmente él no respondió las interrogantes que le hicieron, pero con eso denotó que no respeta las reglas de juego, no le interesa escuchar lo que le dicen, él ya tiene cosas que le han preparado para procurar asumir el poder, sin respetar al rival ni al público, que en este caso es la ciudadanía.

Por supuesto, quienes han endurado su voto por él, lo justificarán, de la misma manera como cuando somos hinchas de un equipo de fútbol y nuestros jugadores meten un gol fuera de juego y el árbitro lo valida. Los fanáticos quedamos felices. No nos importa que el gol haya sido hecho contra las reglas. El asunto es ganar el partido y mejor si es la clasificación. Pero en política, ir contra las reglas afecta a los dos equipos, destruye la cancha, convierte al estadio no en un escenario deportivo, donde se fortalece dignidades y honores por el esfuerzo desplegado, sino en un centro de reclusión en favor de una sola idea, donde los criterios de los demás no importan, sino solo la del dueño de la pelota, quien además tiene listo el aguijón para desinflarla si no lo dejan jugar.

Pero podrá decir que los demás han querido acorralarlo y su estrategia fue para evitar ese cargamontón. Y es verdad. Incluso después de transcurrido el debate, los demás siguen cuestionándolo como lector, pero solo hablan de él y lo hacen como si fuera una amenaza.

Acá la única amenaza es que no se respeten lo que digan las urnas, que se piense que hay una sola dirección por la que debe continuar el país, que se urdan golpes o que quien asuma el poder que el pueblo entrega a un mandatario, no garantice luego la renovación del poder por la vía democrática. Y eso no está en manos solo de un presidente, de un mandatario, sino de todo el país, de toda la ciudadanía que debe aprender a utilizar los mecanismos que la democracia está creando para que participe cada vez más en el ejercicio de los diferentes gobiernos y, por tato, del poder. Si no lo respeta el mandatucho, el pueblo tiene cómo hacérselo recordar.

Port eso es que el ciudadano tiene que hacer un esfuerzo por asumir la responsabilidad de informarse y darse cuenta quién le está mintiendo.

En el debate mintieron todos, porque prefirieron verse la cara entre ellos y soslayar el interés del pueblo que esperaba darse cuenta quién está forjado para obedecerlo.

No es posible que dos candidatos que se ufanan de técnicos, estuvieran desatentos a sus turnos de preguntar y perdieron ocasión de hacerlo con profundidad y no como aprendices de periodistas. Castañeda ni siquiera fue capaz de aludir a cuántos empleos se crearían con su carretera andina, que es su proyecto estrella y lo aludió cuando habló sobre la generación de puestos laborales, limitándose a decir que serán miles.

Solo Kuczynski por lo menos admitió que el aumento del sueldo mínimo vital no podría ser, para comenzar, más de 700 nuevos soles y bajar el general a las ventas a 15 por ciento en forma paulatina, porque primero hay que recaudar ampliando el espectro de contribuyentes. Los demás dieron cifras que, quizá, impresionan mejor a un público que prefiere el show ahora y la protesta después.

Si quieren darle poder a su voto, infórmese, procure encontrar consistencia en alguna propuesta. No se deje llevar por gestos. Para los asesores de imagen eso es lo que importa y por eso cobran. Para el sustento de usted, de su familia y del país, eso es show con entrada libre por un día, pero que nos la cobrarán durante cinco años o quien sabe si más.

Escrito por el abr 8 2011. Archivado bajo Fe de letras. Puedes seguir las respuestas de esta entrada por RSS 2.0. Los comentarios y pings están cerrados por el momento.

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