Váyase en coche

JAVIER MEDINA
“Se fue en coche” es una de las mejores y más bellas frases del mundo. Es positive, alentadora, optimista, de buena vibra, suertuda, risueña, de buena fe y bienaventurada. Quien la ofrece a alguien, sencillamente está deseando lo mejor a la persona destinataria del buen deseo. Quien la recibe está bañándose de la mejor fortuna que puede tener un ser humano, que es el ser querido por sus semejantes, al grado que le ofrecen el símbolo de la mayor gracia y distinción en una sociedad utilitarian, que es un coche, un automóvil, un instrumento de locomoción que nos haga seguir nuestro camino más rápido que los demás y con major estatus. Y si ese coche es de lujo, mejor.
Pues bien, esta noche váyase usted en coche. Haga su sueño realidad. Cóbrese el esfuerzo de haber recortado día a día un cupón de esperanza, de ilusion, de mejores condiciones de vida que le ofreció ÍMPETU  como oportunidad durante estos últimos seis meses, sembrando una gota de energía positive en usted arrancándola del sudor de su frente cada vez que sacrificaba su peculio para comprar un ejemplar y llenarse de información y un sorbito de ansiedad por tener una posibilidad de ser el ganador del auto cero kilómetros que regalamos esta noche a nuestros lectores.
Todo este tiempo cada quien tuvo su peculiar sueño con el coche, quién sabe con exageracxiones oníricas alucinando estar maniobrando el timón y vanagloriándose ante todos de su suerte. ¿Y por qué no? El hado no está siempre a la vuelta de la esquina.
Los coches han sido el sueño de todo aquel que tiene aspiraciones y maneja su destino para conseguir sus metas. Puede lograrlas o no, pero ese sueño da también rezones para vivir y ver al mundo de diferentes maneras.
No siempre han sido buenas las intenciones. Adolfo Hitler, por ejemplo, ofreció un coche a cada alemán para que lo acompañe en sus sueños de conquistar el mundo cueste lo que cueste. Y fabricó el Volkswagen. Pero de la Guerra pasamos a la dulzura, como cuando la escudería Ferrari preparó un automóvil de carrera de chocolate para satisfacer a sus fanáticos no solo con sus triunfos en las pistas, sino en el deleite del paladar. Y así se inventaron autos fantásticos para que lo conduzcan héroes de la justicia, como el Batimóvil del Hombre Murciélago de las historietas que sosegaron también las ansias de poder de tantas generaciones e idealizaron una forma de vida a la americana.
Yo también tuve mis sueños por un auto, desde niño, cuando una madrina me obsequió un auto de juguete violeta, cuatro puertas, lunas polarizadas, aros plateados, silencioso y sin cuerdas, permitiendo sentir más cerca al juguete, imaginar que uno estaba adentro mientras lo rodaba cuidadosamente con la palma  de la mano, hasta que un patin de fierro ferozmente lanzado por otro niño desde un lado de la calle, hizo añicos mi sueño, aunque confieso que revido cada vez que ocasionalmente un coche orondo de esas mismas características circula cantando por las buenas y las malas calzadas.
Esta noche alguien abrirá otra puerta diferente a la de su casa, con una llave brillante que calentará por primera vez en sus manos temblorosas por la emoción de resultar ganador del auto cero kilómetros que recibirá de ÍMPETU, Gran Prix y Motul. Un nuevo futuro espera esta noche a uno de nuestros apreciados lectores. Seguramente es usted.

Escrito por el feb 12 2011. Archivado bajo Fe de letras. Puedes seguir las respuestas de esta entrada por RSS 2.0. Los comentarios y pings están cerrados por el momento.

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